En estos últimos años, y en especial y de manera vertiginosa en los últimos meses, estamos asistiendo en España al desmantelamiento de la sanidad pública como consecuencia de las medidas legislativas que para la sanidad está adoptando el actual gobierno de España, siguiendo indicaciones de los grandes “popes” de la ideología neoliberal europea y mundial que arranca desde el Consenso de Washington allá por la década de los 90´. Para el común de los mortales esto puede significar la pérdida de ciertas prestaciones ante la eventualidad de la enfermedad, y el empeoramiento de ciertas condiciones en las que el ciudadano asistía al dispositivo asistencial que le debía dar respuesta a sus problemas de salud. Y sin embargo no es sólo eso,...es mucho más lo que está en juego.
Si Lalonde afirmaba que la salud, en tanto constructo cultural, dependía de cuatro determinantes como eran la biología, el medioambiente, los estilos de vida y el propio dispositivo asistencial, parece evidente que todos ellos, con excepción de la biología, vienen supeditados de una forma u otra a posicionamientos y decisiones políticas, y entre los otros tres, ninguno con tanta evidencia como la articulación de ese dispositivo asistencial que nosotros denominamos “sistema sanitario”. Mas allá de la universalidad, equidad, gratuidad, igualdad de acceso al sistema, etc...que parecen ser las características más singulares de nuestro sistema sanitario, lo que no es frecuente alegar es que, además, una de las fortalezas de nuestro sistema, integrado en un modelo sanitario de corte progresista y progresivo, es que se convierte en un elemento de redistribuidor de la riqueza y una herramienta de primer orden para la cohesión social de la población. La cuádruple transferencia en la financiación del modelo, como es la aportación vía fiscalidad de los ricos, sanos, jóvenes y empleados, en beneficio de los mas desfavorecidos, enfermos, ancianos, y desempleados, así lo certifica. Y es esto, precisamente ésto, lo que estamos a punto a perder.
Resultaría ocioso a estas alturas el pretender convencer a nadie y mentir, sobre que las medidas restrictivas en materia sanitaria del gobierno Rajoy obedecen a necesidades imperiosas para la salvación y sostenibilidad del sistema sanitario, sino que, mas bien, debemos desenmascarar que estamos ante la puesta en práctica de medidas que ya estaban diseñadas desde hace años para abrir el sector sanitario al mercado y permitir el beneficio privado de particulares y de grandes multinacionales del sector, y que ahora, desahuciados del sector inmobiliario español, buscan en esta situación de crisis financiera el escenario ideal para materializarse como una auténtico proceso de deconstrucción de nuestra sanidad pública.
Dice la teoría marxiana que la diferencia del modelo capitalista, como modo de producción, respecto a otros modos de producción era que, mientras históricamente otros modos de producción encontraban su objetivo en fabricar cosas para satisfacer las necesidades humanas, o para adquirir excedentes para la nobleza, o para el sacrifico ante los dioses, por el contrario, el modo de producción capitalista encuentra su único objetivo en la producción de más y más capital, pretendiendo convertir a las personas, bienes, servicios y dinero monetario en más capital financiero y especulativo, el cual se acumula y reproduce con estrategias que aún generan más y más capital. Y es desde aquí, pienso yo, como nos dirigimos hacia el suicidio por la vía de una crisis de crecimiento capitalista insaciable e imparable.
Por eso resulta necesario insistir en algunos conceptos básicos y fundamentales, si no queremos que la actual situación de nuestra sanidad pase a ser una realidad desgraciada e irreversible. Y esto pasa por convencernos de algunas obviedades, como por ejemplo, de que cualquier recorte ó recesión en el sistema sanitario desemboca irremediablemente en una pérdida de salud colectiva e individual; ó de que los recortes sanitarios no obedecen a la llamada “crisis”, sino que ésta es la que se constituye en pretexto para las medidas ultraliberales y privatizadoras; ó de que las consecuencias del deterioro del sistema sanitario no se ciñe al de la precariedad de un acto médico profesional concreto, sino que supone un ataque frontal al edificio social y democrático en su conjunto; y finalmente de que, en fín, los retos de futuro son la reformulación del modelo biomédico de salud en otro más humanizado y menos tecnologizado, la implantación de Educación para la Salud en todos los ámbitos y para toda la población y que, de una forma muy destacada, es imprescindible la puesta en marcha de una auténtica Participación social y comunitaria, real, ciudadana y profesional, democrática, activa, con capacidad deliberativa, y todo ello bajo la atenta mirada crítica de los ciudadanos y de los profesionales. Y no hay otra.
Bueno, sí...hay más...el recordar a los representantes políticos y a los gestores del sistema sanitario, que ni ellos son los dueños de la sanidad, ni tampoco están legitimados para decidir qué modelo de defensa y promoción de la salud debe otorgarse a sus ciudadanos y ciudadanas, pues ésto deben decidirlo ellos desde su madurez y responsabilidad democrática.
domingo, 10 de marzo de 2013
sábado, 9 de marzo de 2013
El demonio Chávez según Galeano
Por la densa, diversa y prolífica serie de opiniones controvertidas que la figura de Hugo Chávez está generando en estos días posteriores a su fallecimiento, creemos oportuno publicar estas consideraciones declaradas por el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano al respecto del bolivarista venezolano desaparecido...
"Hugo Chávez es un demonio. ¿Por qué? Porque alfabetizó a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo. Yo viví en ese país algunos años y conocí muy bien lo que era. La llaman la "Venezuela Saudita" por el petróleo. Tenían 2 millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Ahí llegó un gobierno, ese gobierno diabólico, demoníaco, que hace cosas elementales, como decir "Los niños deben ser aceptados en las escuelas con o sin documentos". Y ahí se cayó el mundo: eso es una prueba de que Chávez es un malvado malvadísimo. Ya que tiene esa riqueza, y gracias a que por la guerra de Iraq el petróleo se cotiza muy alto, él quiere aprovechar eso con fines solidarios. Quiere ayudar a los países suramericanos, principalmente Cuba. Cuba manda médicos, él paga con petróleo. Pero esos médicos también fueron fuente de escándalos. Están diciendo que los médicos venezolanos estaban furiosos por la presencia de esos intrusos trabajando en esos barrios pobres. En la época en que yo vivía allá como corresponsal de Prensa Latina, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno. Entonces, cuando se lee las noticias, se debe traducir todo. El demonismo tiene ese origen, para justificar la máquina diabólica de la muerte".
"Hugo Chávez es un demonio. ¿Por qué? Porque alfabetizó a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo. Yo viví en ese país algunos años y conocí muy bien lo que era. La llaman la "Venezuela Saudita" por el petróleo. Tenían 2 millones de niños que no podían ir a las escuelas porque no tenían documentos. Ahí llegó un gobierno, ese gobierno diabólico, demoníaco, que hace cosas elementales, como decir "Los niños deben ser aceptados en las escuelas con o sin documentos". Y ahí se cayó el mundo: eso es una prueba de que Chávez es un malvado malvadísimo. Ya que tiene esa riqueza, y gracias a que por la guerra de Iraq el petróleo se cotiza muy alto, él quiere aprovechar eso con fines solidarios. Quiere ayudar a los países suramericanos, principalmente Cuba. Cuba manda médicos, él paga con petróleo. Pero esos médicos también fueron fuente de escándalos. Están diciendo que los médicos venezolanos estaban furiosos por la presencia de esos intrusos trabajando en esos barrios pobres. En la época en que yo vivía allá como corresponsal de Prensa Latina, nunca vi un médico. Ahora sí hay médicos. La presencia de los médicos cubanos es otra evidencia de que Chávez está en la Tierra de visita, porque pertenece al infierno. Entonces, cuando se lee las noticias, se debe traducir todo. El demonismo tiene ese origen, para justificar la máquina diabólica de la muerte".
lunes, 4 de febrero de 2013
¿Incógnitas o malos augurios?
Sin infravalorar la gravedad que supone, para la estabilidad de gobierno y de la convivencia democrática españolas, la ausencia de credibilidad que los hallazgos de las cuentas en Suiza y de los papeles del caso Bárcenas con su vinculación con la trama Güertel están provocando en la sociedad española y en el conjunto de los analistas y opinión internacionales, a uno siempre la asaltan algunas dudas, como por ejemplo...¿porqué ahora, porqué así, porqué coinciden todos los medios de comunicación en tiempo y agenda?, ¿porqué ninguno de estos rompió una lanza a favor ni se atrevió a hacer público algo similar cuando se le endosó el juicio sumarísimo al juez Garzón, a sabiendas de que este magistrado estaba a punto de encontrar el hilo conductor de las hipótesis que se hacían fuertes en la calle? ...Por lo tanto...¿Cuál es la verdadera razón por la que los empresarios, financieros y dueños de los medios de comunicación han decidido “al unísono” darle la espalda a Rajoy y al actual PP?...¿Sólo su presumible contaminación delictiva y su corrupción?...¿O habrá otras razones económicas, como por ejemplo el retraso del rescate europeo y su negativo impacto para las expectativas de los acreedores banqueros internacionales?...¿O será que sencillamente prefieren a otros gobernantes mas "limpios" y más duros aún con el estado de bienestar?....¿No será que apuesten por aprovechar la fuerza de la indignación social para apropiársela y vender así otras alternativas de gobierno aún menos democráticas?...
Los ciudadanos deberemos permanecer extremadamente alertas y muy finos para saber interpretar los vientos que corren y los próximos acontecimientos...No podemos menospreciar la evidencia de que, después de que a partir de 2009, la troika se decidiese a dar su golpe de estado a los estados europeos soberanos, ahora quizá estemos asistiendo a otro golpe de estado mediático para derrocar a los gobiernos blanditos y tontos de los PIGS...que no parece que tengamos solución y que “seguimos siendo” una lacra para la locomotora germana.
¿Hasta qué punto todo esto no está calculado fríamente desde algún think tank ó centro de pensamiento, que, aprovechando el despiste de los ciudadanos sureuropeos, esté intentando agotar su espontánea y desorganizada fuerza para después, desde el caos y el “totum revolutum”, implantar formas de gobierno y gobernantes más seducidos por las tesis germanocéntricas para que la férrea Merkel y sus súbditos adquieran el dominio del conjunto de Europa y su deseada competitividad ante los mercados japonés, chino y otros emergentes?.
Uno tiene la impresión de que estamos asistiendo a una cuarta ofensiva del Eje, sin que haga falta rememorar cuáles fueron las otras tres anteriores, aunque quizá no estemos muy seguros de qué fuerzas y qué aliados tiene en este momento ese ente que llamamos cándidamente “Eje”.
Quizá la respuesta a todas estas incógnitas la vayamos a encontrar en la actitud, postura y dirección que adopte a partir de ahora la Unión Europea ante el escándalo sistémico y estructural que tiene como protagonista al conjunto de las instituciones españolas (gobierno, partidos políticos mayoritarios, algún otro partido nacionalista, poder judicial, monarquía, empresariado...).
Ojalá sea que estamos asistiendo, simplemente, al final del ciclo de esta transición incompleta que llevamos viviendo en España desde 1978... porque la otra posibilidad es aún más incierta y debería despertarnos mucha más preocupación e inquietud.
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sábado, 2 de febrero de 2013
¿Algunas reflexiones ante la verdadera Transición?
Es verdad. La situación es delicada, y la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones está bajo mínimos. Más allá de hacer valoraciones teóricas en materia de politología e imputaciones al modelo capitalista, que nunca está de más, y sin hacer exageraciones, podríamos afirmar que nunca, desde 1975, se había palpado en la calle tanta incertidumbre y tanta sensación de inseguridad. Y no son los partidos políticos los culpables, pues la corrupción no la cometen entes abstractos ni estructuras inanimadas, sino que los corruptos son las personas que militan en esos partidos políticos, con sus vicios, sus concesiones, sus abusos, sus prebendas y con su capacidad de legislar en beneficio propio. Que esto esté vinculado a la permanente desigualdad y lucha de clases, y al modelo hegemónico de explotación capitalista, es evidente.
La diferencia entre aquellos días y hoy está en que entonces, entre 1975 y 1978, había miedo, pero también había arrojo, ilusión y esperanza, mientras que ahora lo que tenemos es temor al vacío, hastío, desidia y desamor hacia nuestro modelo político y de convivencia. Hoy, más que entonces, necesitamos la participación ciudadana de una sociedad formada e informada, pero también necesitamos un Poder Judicial independiente (en la línea del más genuino Montesquieu) y un poder judicial fuerte, transparente, sin ataduras ni servidumbres.
No en balde podríamos pensar que estamos asistiendo a los últimos estertores de una clase de estilo de entender la cosa pública, de una forma de concebir las antiguas plutocracias del tardofranquismo, y de una forma de aplicar viejos usos propios de muchos de nuestros políticos que, no olvidemos, son descendientes y herederos directos de figuras destacadas de los gobiernos franquistas; todo ello nos conduce a creer que estamos asistiendo al comienzo del final de un ciclo, y que precisamente por eso, quizá estemos asistiendo a la gestación de la “segunda” transición ó, como prefieren decir algunos, estamos ante la verdadera y nunca acometida Transición Española, pues en realidad, lo habido hasta aquí no era sino un puro continuismo camuflado. Nos merecemos mejor suerte, pero para ello precisamos mantener la cabeza fría y demostrar la valentía necesaria.
La diferencia entre aquellos días y hoy está en que entonces, entre 1975 y 1978, había miedo, pero también había arrojo, ilusión y esperanza, mientras que ahora lo que tenemos es temor al vacío, hastío, desidia y desamor hacia nuestro modelo político y de convivencia. Hoy, más que entonces, necesitamos la participación ciudadana de una sociedad formada e informada, pero también necesitamos un Poder Judicial independiente (en la línea del más genuino Montesquieu) y un poder judicial fuerte, transparente, sin ataduras ni servidumbres.
No en balde podríamos pensar que estamos asistiendo a los últimos estertores de una clase de estilo de entender la cosa pública, de una forma de concebir las antiguas plutocracias del tardofranquismo, y de una forma de aplicar viejos usos propios de muchos de nuestros políticos que, no olvidemos, son descendientes y herederos directos de figuras destacadas de los gobiernos franquistas; todo ello nos conduce a creer que estamos asistiendo al comienzo del final de un ciclo, y que precisamente por eso, quizá estemos asistiendo a la gestación de la “segunda” transición ó, como prefieren decir algunos, estamos ante la verdadera y nunca acometida Transición Española, pues en realidad, lo habido hasta aquí no era sino un puro continuismo camuflado. Nos merecemos mejor suerte, pero para ello precisamos mantener la cabeza fría y demostrar la valentía necesaria.
lunes, 28 de enero de 2013
...Reivindicando el espacio SocioSanitario (y 4)
....Estamos observando, por ejemplo, cómo en los últimos meses se recortan las “Prestaciones económicas de cuidados en el entorno familiar” y cómo se deja de financiar las cuotas de la seguridad social de las/os cuidadores familiares (de los que el 94% son mujeres). Paralelamente se están reduciendo el número de horas del “Servicio de Ayuda a Domicilio” entre 10 y 20 horas al mes, lo que está suponiendo una disminución de la “intensidad” y calidad de la asistencia a estas personas, y la pérdida de puestos de trabajo cualificado. Además, se aprueba legislativamente el incremento de las aportaciones que tienen que hacer muchas de las personas dependientes, aumentando para ellos el ya injusto copago recientemente decretado.
Todas estas medidas suponen, a mayores, un retroceso de las mujeres al papel más tradicional que se les asignó socialmente en épocas aún recientes, pues sobre ellas volverá a recaer el cuidado de las personas dependientes, con independencia de que dichas medidas también reducen al mínimo un sector laboral que estaba dando empleo y dinamizando las zonas rurales, empujando a las personas dependientes de estas áreas geográficas a abandonar sus lugares de residencia familiar y de toda la vida.
En concreto, en Castilla y León, los servicios de “teleasistencia”, hasta ahora gestionados por la Federación de Municipios y Provincias y depositados en organizaciones como Cruz Roja, tendrán que limitarse y reducirse notoriamente, habida cuenta de las dificultades económicas de ésta organización; los servicios de “ayuda a domicilio” están siendo recortados desde las 90 horas que se atendía a un anciano dependiente hasta las 70 actuales, desconociendo quién y cómo se le atenderá el resto de las horas; en cuanto a los “Centros de Día y Atención Residencial”, éstos han sufrido un parón en sus altas o ingresos, por cuanto los de titularidad pública casi no existían y los concertados están sobreocupados; y la “asistencia personal y los cuidados familiares” van a ser drásticamente reducidos en la práctica, pues al rescindir el pago de las cuotas de la seguridad social de los/as cuidadores, en muchos casos estas cuotas no podrá financiarse y los dependientes quedarán en riesgo de soledad y desatención en sus cuidados más básicos.
Todo ello coincide con la aparición de nuevas empresas y de centros privados para cubrir estas necesidades (así como de otros centros antes públicos pero ya “externalizados”), con los que los dependientes afectados (o sus familias), y siempre que su disponibilidad económica así se lo permita, deberán contratar servicios que hasta ahora eran provistos por el Estado, las Diputaciones o las CCAA. Va a ser cierto aquello de que “se acabó el café gratis para todos”, y lo verdaderamente dramático es que ese “café gratis” les será retirado a quienes por su situación de vulnerabilidad más lo necesitan, y a los que, coincide, se encuentran “sin voz” ante las administraciones públicas y su ineludible responsabilidad política, ética y moral. Y todo esto sin entrar al debate de quiénes, o qué organizaciones, se encuentran detrás de esas nuevas empresas privadas creadas al efecto, y que conforman parte de su capital social o de sus consejos de administración.
Pero, no obstante, y superando la tentación de abordar la reflexión y el análisis político que no nos corresponde hacer aquí, sí es fundamental que hagamos un ejercicio de responsabilidad profesional porque es ahí, precisamente ahí, en procurar visualizar esas necesidades y en su identificación, diagnóstico, valoración, denuncia y provisión de cuidados, donde es hoy tan importante el papel de los profesionales sanitarios en su “nueva” (ministra, dixit) vertiente sociosanitaria, vertiente que sin embargo siempre existió, al menos desde la época de Rudolf Virchow, pero que al parecer, y al igual que con todo lo relacionado con la medicina social, muchos se han venido encargando muy aplicadamente y muy exitosamente de que se nos olvidase.
Todas estas medidas suponen, a mayores, un retroceso de las mujeres al papel más tradicional que se les asignó socialmente en épocas aún recientes, pues sobre ellas volverá a recaer el cuidado de las personas dependientes, con independencia de que dichas medidas también reducen al mínimo un sector laboral que estaba dando empleo y dinamizando las zonas rurales, empujando a las personas dependientes de estas áreas geográficas a abandonar sus lugares de residencia familiar y de toda la vida.
En concreto, en Castilla y León, los servicios de “teleasistencia”, hasta ahora gestionados por la Federación de Municipios y Provincias y depositados en organizaciones como Cruz Roja, tendrán que limitarse y reducirse notoriamente, habida cuenta de las dificultades económicas de ésta organización; los servicios de “ayuda a domicilio” están siendo recortados desde las 90 horas que se atendía a un anciano dependiente hasta las 70 actuales, desconociendo quién y cómo se le atenderá el resto de las horas; en cuanto a los “Centros de Día y Atención Residencial”, éstos han sufrido un parón en sus altas o ingresos, por cuanto los de titularidad pública casi no existían y los concertados están sobreocupados; y la “asistencia personal y los cuidados familiares” van a ser drásticamente reducidos en la práctica, pues al rescindir el pago de las cuotas de la seguridad social de los/as cuidadores, en muchos casos estas cuotas no podrá financiarse y los dependientes quedarán en riesgo de soledad y desatención en sus cuidados más básicos.
Todo ello coincide con la aparición de nuevas empresas y de centros privados para cubrir estas necesidades (así como de otros centros antes públicos pero ya “externalizados”), con los que los dependientes afectados (o sus familias), y siempre que su disponibilidad económica así se lo permita, deberán contratar servicios que hasta ahora eran provistos por el Estado, las Diputaciones o las CCAA. Va a ser cierto aquello de que “se acabó el café gratis para todos”, y lo verdaderamente dramático es que ese “café gratis” les será retirado a quienes por su situación de vulnerabilidad más lo necesitan, y a los que, coincide, se encuentran “sin voz” ante las administraciones públicas y su ineludible responsabilidad política, ética y moral. Y todo esto sin entrar al debate de quiénes, o qué organizaciones, se encuentran detrás de esas nuevas empresas privadas creadas al efecto, y que conforman parte de su capital social o de sus consejos de administración.
Pero, no obstante, y superando la tentación de abordar la reflexión y el análisis político que no nos corresponde hacer aquí, sí es fundamental que hagamos un ejercicio de responsabilidad profesional porque es ahí, precisamente ahí, en procurar visualizar esas necesidades y en su identificación, diagnóstico, valoración, denuncia y provisión de cuidados, donde es hoy tan importante el papel de los profesionales sanitarios en su “nueva” (ministra, dixit) vertiente sociosanitaria, vertiente que sin embargo siempre existió, al menos desde la época de Rudolf Virchow, pero que al parecer, y al igual que con todo lo relacionado con la medicina social, muchos se han venido encargando muy aplicadamente y muy exitosamente de que se nos olvidase.
Fuente.- Alberto del Pozo (publicado en la revista "Cuaderno de Políticas de Salud")
viernes, 25 de enero de 2013
...Reivindicando el espacio SocioSanitario (3)
En el texto de la normativa legal, la exposición de motivos es suficientemente clara y defendible desde el punto de vista de la salud integral, y cuando esa legislación (Decreto 74/2000 de 13 de abril) define sus estructuras sociosanitarias, como son las Comisiones de Coordinación Sociosanitaria de ámbito provincial, resulta evidente que estas Comisiones existen para coordinar y armonizar la actuación de los equipos que están más pegados a la calle y a la población, que son los Equipos de Coordinación de Base, los cuales se erigen en la célula activa del trabajo de campo en la intervención sociosanitaria, tanto a la hora de identificar los problemas, como a la de canalizar o abordar las posibles soluciones. Estamos hablando pues, de grupos de trabajo multidisciplinar en el que figuran agentes profesionales del trabajo social pertenecientes a las Diputaciones (CEAS) y al propio sistema sanitario, junto con profesionales sanitarios pertenecientes a los EAP, profesionales sanitarios del ámbito de la salud mental pertenecientes al Área de Salud, y, cómo no, algún responsable de la administración perteneciente al ámbito de la gestión.
Estas estructuras, tanto las provinciales como las de base, se encuentran dirigidas ó coordinadas por un coordinador, y su dependencia orgánica se ubica claramente en el organigrama de las dependencias de la salud y los servicios sociales.
Después de todo lo dicho, resulta más llamativo aún que la administración no insista en la necesidad de impulsar y fomentar el trabajo en estas estructuras, dada la situación crítica que hemos descrito anteriormente, y cuyo perfil dramático en lo social es bien conocido en nuestras consultas diarias de atención primaria.
Si ya antes, éste espacio de colaboración interdisciplinar e interinstitucional era desconocido para la mayoría de los profesionales de la salud, con la inestimable colaboración y desidia de la propia administración sanitaria, hoy día el papel de esta estructura interdisciplinar resulta desgraciadamente aún más desesperanzador, habida cuenta de los recortes y procesos de privatización que están observándose en los últimos meses.
El pasado 12 de noviembre, la actual ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad defendía públicamente el “compromiso pleno” de su departamento con “la integración de las personas con discapacidad y la mejora de su calidad de vida”, recalcando que eso pasa “por que la sanidad y los servicios sociales empiecen a trabajar conjuntamente (sic)”, porque en la mayoría de los casos “su salud y la atención de sus necesidades sociales son interdependientes (sic)”, para lo que recordó que se está llevando a cabo “una intensa agenda de reformas” que culminará en la creación “por primera vez en España de un espacio único sociosanitario (sic)”.
A quienes trabajamos en el ámbito sociosanitario y/ó en el de la atención primaria, nos sonroja y nos llama poderosamente la atención dos incoherencias de la actual ministra. La primera, la de verbalizar en público y ante los medios de comunicación la “innovadora ocurrencia” de su departamento a la hora de crear ese “espacio único por primera vez en España”, como si la ministra ó sus asesores acabasen ahora de “caerse del guindo” en materia sociosanitaria, y disculpen la invitación al chiste fácil; y la segunda incoherencia, y de mayor calado, es la enorme frivolidad que supone el que con estas exhibiciones públicas se generen falsas expectativas para los más vulnerables como son toda la población discapacitada y sus familias, por cuanto, simultáneamente y en estos días, el gobierno al que pertenece la ministra está disponiendo medidas de recortes presupuestario que van a dar al traste con el desarrollo de la propia Ley de Dependencia, la cual, así y paulatinamente, va quedándose día a día sin recursos y sin contenido.
Y es que una de las restricciones más dolorosas desde la óptica sociosanitaria es la que está afectando de manera contundente a la estructura dispuesta legislativamente para atender a la dependencia, es decir el comprobar el proceso de desarticulación y privatización de la propia Ley de Dependencia, y ello, obviamente, por los efectos que estas restricciones están suponiendo para la salud de las personas afectadas y que en ningún caso deberían pasar desapercibidas para todos nosotros en tanto profesionales de la salud.
(Continúa....)
Fuente.- Alberto del Pozo (Publicado en "Cuaderno de Políticas de Salud")
Estas estructuras, tanto las provinciales como las de base, se encuentran dirigidas ó coordinadas por un coordinador, y su dependencia orgánica se ubica claramente en el organigrama de las dependencias de la salud y los servicios sociales.
Después de todo lo dicho, resulta más llamativo aún que la administración no insista en la necesidad de impulsar y fomentar el trabajo en estas estructuras, dada la situación crítica que hemos descrito anteriormente, y cuyo perfil dramático en lo social es bien conocido en nuestras consultas diarias de atención primaria.
Si ya antes, éste espacio de colaboración interdisciplinar e interinstitucional era desconocido para la mayoría de los profesionales de la salud, con la inestimable colaboración y desidia de la propia administración sanitaria, hoy día el papel de esta estructura interdisciplinar resulta desgraciadamente aún más desesperanzador, habida cuenta de los recortes y procesos de privatización que están observándose en los últimos meses.
El pasado 12 de noviembre, la actual ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad defendía públicamente el “compromiso pleno” de su departamento con “la integración de las personas con discapacidad y la mejora de su calidad de vida”, recalcando que eso pasa “por que la sanidad y los servicios sociales empiecen a trabajar conjuntamente (sic)”, porque en la mayoría de los casos “su salud y la atención de sus necesidades sociales son interdependientes (sic)”, para lo que recordó que se está llevando a cabo “una intensa agenda de reformas” que culminará en la creación “por primera vez en España de un espacio único sociosanitario (sic)”.
A quienes trabajamos en el ámbito sociosanitario y/ó en el de la atención primaria, nos sonroja y nos llama poderosamente la atención dos incoherencias de la actual ministra. La primera, la de verbalizar en público y ante los medios de comunicación la “innovadora ocurrencia” de su departamento a la hora de crear ese “espacio único por primera vez en España”, como si la ministra ó sus asesores acabasen ahora de “caerse del guindo” en materia sociosanitaria, y disculpen la invitación al chiste fácil; y la segunda incoherencia, y de mayor calado, es la enorme frivolidad que supone el que con estas exhibiciones públicas se generen falsas expectativas para los más vulnerables como son toda la población discapacitada y sus familias, por cuanto, simultáneamente y en estos días, el gobierno al que pertenece la ministra está disponiendo medidas de recortes presupuestario que van a dar al traste con el desarrollo de la propia Ley de Dependencia, la cual, así y paulatinamente, va quedándose día a día sin recursos y sin contenido.
Y es que una de las restricciones más dolorosas desde la óptica sociosanitaria es la que está afectando de manera contundente a la estructura dispuesta legislativamente para atender a la dependencia, es decir el comprobar el proceso de desarticulación y privatización de la propia Ley de Dependencia, y ello, obviamente, por los efectos que estas restricciones están suponiendo para la salud de las personas afectadas y que en ningún caso deberían pasar desapercibidas para todos nosotros en tanto profesionales de la salud.
(Continúa....)
Fuente.- Alberto del Pozo (Publicado en "Cuaderno de Políticas de Salud")
martes, 22 de enero de 2013
....Reivindicando el espacio SocioSanitario (2)
....Quien actualmente ejerza en el ámbito de la atención primaria en España sabe que su consulta se está viendo salpicada de motivos de consulta que tienen cada día menos que ver con aspectos estrictamente biológicos y/o infecciosos (excepción hecha de los problemas crónicos degenerativos), y que por el contrario se observan multitud de desórdenes psicosociales que tienen su origen en situaciones críticas, o al menos alarmantes, en materia social, económica y laboral. Así, y por mencionar algunos exponentes de lo que intentamos expresar podríamos aludir a la situación en la que está quedando toda la población inmigrante de los que muchos de ellos se han quedado sin derecho a la asistencia sanitaria, ó el dramático escenario en el que deben jugar la creciente multitud de personas que están quedando en desempleo con o sin subsidio, ó los recortes en la atención a los dependientes ancianos que deben retornan a la soledad e inaccesibilidad de sus inadecuados domicilios, ó el impacto que la crisis está provocando en las mujeres en tanto eje y elemento fundamental que tradicionalmente han jugado éstas en su mal entendido rol “natural” de cuidadora, ó la demora en las posibilidades gnésicas de muchas parejas jóvenes hoy sin futuro esperanzador a medio plazo, ó el caos que provoca la amenaza y realidad de los desahucios, ó la incertidumbre ante el futuro de los que aún conservan su empleo, ó, en fín, la precariedad de muchos empleos en materia de condiciones de trabajo, horarios, medios, seguridad laboral, etc, situaciones toda ellas que provocan alteraciones adaptativas de naturaleza muy severa y para las que el modelo biomédico en vigor que desempeñamos hoy día no parece tener ninguna respuesta coherente.
Todo este escenario debe obligarnos a que, sin abandonar otros retos ya conocidos y percibidos a diario, debamos girar gran parte de nuestra atención profesional hacia los problemas de salud que vienen directamente condicionados por un entorno social hostil, y que resulta asfixiante para las clases medias y para las más desfavorecidas, como son los estratos medio-bajos o con dificultades, así como para los colectivos más vulnerables como son, sin duda, los jóvenes, los ancianos y las mujeres, alcanzando incluso tintes dramáticos para quienes ya desde los últimos años venían sobreviviendo sin recursos ó con muy escasa disponibilidad de ellos.
Todo este escenario debe obligarnos a que, sin abandonar otros retos ya conocidos y percibidos a diario, debamos girar gran parte de nuestra atención profesional hacia los problemas de salud que vienen directamente condicionados por un entorno social hostil, y que resulta asfixiante para las clases medias y para las más desfavorecidas, como son los estratos medio-bajos o con dificultades, así como para los colectivos más vulnerables como son, sin duda, los jóvenes, los ancianos y las mujeres, alcanzando incluso tintes dramáticos para quienes ya desde los últimos años venían sobreviviendo sin recursos ó con muy escasa disponibilidad de ellos.
Todo el componente de atención sociosanitaria ha sido escasamente merecedora de atención por parte de las administraciones. No sólo se aprecia tal tendencia en los argumentos antes expuestos y expresados por la ausencia de contenidos sociosanitarios en la formación pre y post-grado de los profesionales de la salud, sino que, posteriormente, esa desidia de los responsables de las políticas de salud se confirma en cómo se ignoran y solapan estos aspectos en las carteras de servicios que se negocian y que conforman el contrato-programa que anualmente suscriben las Gerencias de Atención Primaria con los dispositivos proveedores de servicios, es decir con los EAP (Equipos de Atención Primaria). No se conoce ninguna CCAA donde en las carteras de servicios de sus EAP se encuentre incentivada ninguna actividad sociosanitaria, ni tampoco la necesaria colaboración entre el personal sanitario y el de los servicios sociales ante las múltiples situaciones que cotidianamente lo demandan, y que surgen, además, en un ámbito de la población que les es común a ambas disciplinas asistenciales, como por ejemplo las ya delimitadas Zonas Básicas de Salud.
De hecho, y al amparo de aspiraciones orientadas a la corresponsabilidad de los profesionales proveedores de la atención sanitaria con respecto al gasto del sistema y su necesaria y dura contención (no hablamos de racionalización), el sector profesional sanitario parece haberse convertido más en una suerte de departamentos o negociados burocratizados, fríos e hiperadministrativizados, cuyo único objetivo parece ser el tener que cooperar de forma cómplice con las medidas restrictivas del ámbito de la gestión, y que tienden inexorablemente a servir de pretexto para legitimar la limitación de recursos y de personal y, la inmensa mayoría de las veces, ajenas al verdadero papel que deben desarrollar los profesionales sanitarios.
Cuando en alguna de las CCAA se han promulgado normas legislativas que diseñan la colaboración entre el sector sanitario y el de los servicios sociales, como es el caso concreto (y mejor conocido por nosotros) de la Coordinación Sanitaria en Castilla y León por medio del Decreto 16/98 de 29 de enero, ésta coordinación sociosanitaria se define como el agente facilitador de la conexión entre los sistemas de salud y de servicios sociales, sin necesidad, eso sí queda muy explícito, de que esa coordinación pueda suponer el configurar una nueva estructura asistencial ó el robar espacios de intervención a uno u otro sistema. En este diseño se parte de la idea básica de que los sistemas de salud y sociales deben cumplir el papel que legitima su existencia en la prestación de servicios a los/as ciudadanos/as, articulando esa colaboración entre ambos sectores como respuesta a la necesidad de abordar determinados problemas de los ciudadanos/as de forma interdisciplinar, y cuya cobertura exige la intervención integrada de los servicios sanitarios y sociales. De hecho, y al amparo de aspiraciones orientadas a la corresponsabilidad de los profesionales proveedores de la atención sanitaria con respecto al gasto del sistema y su necesaria y dura contención (no hablamos de racionalización), el sector profesional sanitario parece haberse convertido más en una suerte de departamentos o negociados burocratizados, fríos e hiperadministrativizados, cuyo único objetivo parece ser el tener que cooperar de forma cómplice con las medidas restrictivas del ámbito de la gestión, y que tienden inexorablemente a servir de pretexto para legitimar la limitación de recursos y de personal y, la inmensa mayoría de las veces, ajenas al verdadero papel que deben desarrollar los profesionales sanitarios.
Las necesidades que se identifican como merecedoras de esa atención sociosanitaria se expresan como áreas específicas de intervención, y se pueden clasificar en cinco grandes bloques: los ancianos, los menores desasistidos, las personas de cualquier edad con discapacidades, las personas con problemas derivados de la drogodependencia, y por último, aquellas personas en situación de riesgo o de exclusión social.
(Continúa)
(Fuente.- Alberto del Pozo Robles // Artículo publicado en la revista "Cuaderno de Políticas de Salud")
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